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Cuando la igualdad deja de ser una promesa

Cuando la igualdad deja de Ser Promsea - Susana de Murga

Durante un tiempo creímos que el feminismo era una palabra que pertenecía a los libros de historia. Algo asociado a las luchas del pasado: el voto, el acceso a la educación, el derecho a trabajar fuera del hogar.

En ciertos países y segmentos sociales esas batallas fueron ganadas y el resto parecía una evolución casi natural. Sin embargo, el siglo XXI nos obligó a mirar con mayor honestidad la realidad.


El feminismo regresó al centro de la conversación pública porque la experiencia de millones de mujeres reveló que la igualdad formal no siempre se traduce en una igualdad real. La incorporación masiva de las mujeres a la educación superior y a la vida profesional no eliminó la desigualdad en lo cotidiano ni en todos los rincones del planeta ni en el arraigado pensamiento patriarcal.


Las redes sociales testifican a diario historias de violencia, discriminación o abuso y así exponen lo que antes era silencio, que en nuestro país va desde violencia de género hasta el feminicidio.


Cada caso deja una pregunta abierta sobre la capacidad de la sociedad para proteger a sus propias ciudadanas.

Por eso las marchas del 8 de marzo no son únicamente una expresión ideológica, son también un acto de duelo y de memoria. Son un encuentro de corrientes que reflejan la búsqueda de una forma más compleja de entender la equidad, porque el feminismo, en su forma más profunda, no es una guerra de géneros sino un intento de construir una sociedad donde ninguna persona tenga que justificar su derecho a vivir con dignidad.


"La libertad requiere igualdad"

@susanademurga


 
 
 

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