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Recordatorio: el Estado es un servidor de la sociedad

Updated: Jun 8


Derecho al voto para combatir la corrupción


No hay hasta el día de hoy un país en el que los menores de edad participen en las elecciones pues se considera que su criterio aún está en formación. Entonces, si un gobierno ha sido elegido democráticamente por una mayoría de adultos, por qué asumir que éste puede tratar a la población como a un grupo escolar.


Aún en el caso de que dicho tratamiento tuviera alguna bondad, debe recordarse que el maestro que no ejerce adecuadamente su autoridad se ve obligado a recurrir a los castigos grupales carentes de justicia. El maestro tiene la obligación de dirigir el aprendizaje de su alumnado, debe ser ejemplo de conducta y está obligado a promover un ambiente pacífico y saludable. Muy lejos se encuentran los gobiernos mexicanos de ser el maestro ideal.


En qué momento se enterró la máxima de que el ejemplo es principio básico de toda enseñanza; el padre debe guiar con acciones, el maestro moldea a los alumnos con su propio actuar y el gobierno debiera pregonar siendo un modelo del deber ser. Basta aproximarse a casos como el la empresa Oceanografía o, peor aún, a los recientes escándalos de desfalco en Veracruz, Chihuahua y Nuevo León para saber que la autoridad no predica con sus buenas acciones.


El Estado es un servidor de la sociedad

Resulta que la población vive en un aula selvática, en la que el Estado ejerce como un maestro incapaz que un día aprueba a quienes le ofrecen la canasta más grande de manzanas y después, cuando ha perdido por completo el control y entre bancas se falsifican calificaciones, decide que su alumnado es indigno de ser tratado con respeto.


Basta también analizar la reforma fiscal y las prácticas que de hecho lleva a cabo la actual Secretaria de Hacienda para sentirse un alumno perdido en el aula selvática, donde se “pierde” el dinero recaudado sin que deje de acusar a los ciudadanos de ser incumplidos. Los funcionarios, ya desprovistos de autoridad moral y ávidos de ingresos, establecen impuestos que desestimulan el empleo, olvidan que la inactividad es fuente de intranquilidad, de efervescencia; tratan entonces a la población como a una horda de criminales que debe ser vigilada y, como si fuera poco, eligen, por ejemplo, retrasar la devolución del Impuesto al valor agregado de las exportaciones porque asumen que los empresarios son todos mañosos. ¿Todos? El gobierno se convierte en el maestro intransigente que utiliza castigos generalizados pero mantiene sus preferencias por los dueños de las canastas de manzanas, y no mide las consecuencias en rubros como la seguridad, la calidad de los servicios, la educación y la justicia.


El gobierno y sus integrantes deberían reconsiderar su visión de la sociedad. Si la van a tratar como a un grupo de menores de edad, entonces que se erija como un maestro digno, y si va a asumir que sus electores son adultos responsables, entonces que se olvide de las farsas mediáticas, de los arrestos efectistas, de los discursos vacíos o de aprovechar el sentido nacionalista que aún hermana a la sociedad. Que se ocupe de las razones por las que hay Chapos, informalidad y pretextos para que se construyan muros en nuestra frontera norte, que no asuma que cada ciudadano es un delincuente en potencia, porque en realidad cada ciudadano es un ser al que el gobierno debe servir.








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