El peligro de las narrativas morales absolutas
- Susana de Murga

- 7 ene
- 1 Min. de lectura

En México, la educación ha dejado de ser, para amplios sectores de la población, una puerta confiable hacia la movilidad social. La promesa histórica —estudia, esfuérzate, progresa— se ha erosionado frente a la oferta informal o delictiva.
Ante ese panorama emerge un fenómeno menos visible y un tanto opuesto que se basa en narrativas morales absolutas. Se trata de organizaciones que ofrecen sentido de pertenencia, virtudes, plenitud, es decir, bienes intangibles que prometen mejorar la vida.
En esta clasificación caben las sectas o grupos formadores de ciudadanos obedientes más que críticos. Los principales medios de control son la culpa judeocristiana o el enojo contra las instituciones.
Dentro de estos colectivos sectarios se diluyen la identidad y el individualismo entre altos ideales. Cualquier disentimiento se considera falta ética o de voluntad, pues las exigencias cotidianas suelen ser agotadoras.
El verdadero trueque de estas comunidades es ofrecer pertenencia y superioridad moral a cambio de sumisión intelectual y, en ocasiones, física.
Se trata, por tanto, de una educación engañosa que no promueve el aprendizaje, sino el adiestramiento de ejércitos servidores en distintos ámbitos, desde el familiar o laboral hasta el político.
Nombrar lo que sucede dentro de estos adoctrinamientos es desafiarlos; la palabra se convierte en el primer paso para rasgar la docilidad y evidenciar las contradicciones de los valores que olvidad la otredad.
"La libertad requiere igualdad"
@susanademurga




Comentarios